Hoy por hoy experimentamos claramente una revolución tecnológica, en la que ya la centralidad no es precisamente de los objetos o invenciones. En palabras de Barbero: “Lo que la trama comunicativa de la revolución tecnológica introduce en nuestras sociedades no es tanto una cantidad inusitada de nuevas máquinas sino un nuevo modo de relación entre los procesos simbólicos —que constituyen lo cultural— y las formas de producción y distribución de los bienes y servicios”.
A propósito de distribución de bienes, se hace referencia a un elemento determinante para las sociedades modernas: La circulación del saber. Los medios de comunicación y el fácil acceso a estos, hacen que el saber se convierta en información circulante tanto en la escuela como fuera de ella. Éste por tanto deja de ser percibido por pocos y administrado por minorías, para convertirse en una posesión al servicio de todos.
Es así, como el papel del maestro se redefine y debe ser pensado bajo nuevos parámetros. Ya no se trata simplemente de ser transmisor de información, sino de resignificar el saber. Las prácticas educativas dejan de ser monólogos para convertirse en espacios de interacción múltiple: personas, discursos, imágenes.
Más aún, el maestro y el alumno no sólo cumplen la tarea de ser intérpretes de información circulante sino al unísono de ser productores de sentido. En palabras de Alejandro Piscitelli: “La Web 2.0 ya es una denominación que no dice nada, dada la profusión de nuevas aplicaciones y la cantidad de funcionalidades que cada día se suman a las preexistentes. Prometen tanto o más de lo que cumplen, generan comunidades de práctica cada día más numerosas, pero también cada vez más fragmentadas; suben al podio del ganador del día a una empresa o circuito que desaparecerá de la faz de la Tierra un mes más tarde, disparan titulares acerca de compras, valorizaciones y ventas multimillonarias en dólares, que finalmente terminan en una prosa mayestática o en una ignorancia supina.” Y por eso anoto con especial énfasis, maestro y alumno deben convertirse en productores de sentido; no se trata simplemente de captar información, crear una cuenta y recordar un password, jugar al diseño y hacer comentarios a medias.
El maestro ha de valerse de las herramientas que le brinda la web 2.0 para motivar a sus alumnos al análisis, para generar debate y proponer nuevas preguntas. Además de utilizar los mismos medios con los que sus estudiantes interactúan para conocerlos más a fondo y hacer lectura del mundo virtual en el cual interactúan: “Los adolescentes están utilizando las redes sociales para crear comunidades y para vincularse con sus pares, más allá de los guetos geográficos. Pero sumando lo bueno y lo malo, lo peor que se puede hacer con el racconto de estas sagas y con el inventario de las infinitas alternativas tecnológicas que emergen a diario es ignorar que la tecnología está revestida por una costra social de una profundidad y pregnancia raras veces advertida” (Pisticelli, 2008). Así pues, en internet no sólo se moviliza información sino que es igualmente el reflejo de tendencias sociales, de clases, de pugnas, de la vida real hecha virtual.
Eso por una parte, centrándonos en otros elementos, podemos referirnos a la aparición de nuevos formatos. El libro, como gran protagonista encuentra compañía, ya que el texto electrónico cobra fuerza y posición. Entiéndase bien; compañía más no desplazamiento. El libro continua cumpliendo una función vital para occidente. El maestro entonces debe motivar al estudiante a la lectura y generar gusto y placer por el acceso a los libros. Mientras un adolescente haya desarrollado con éxito sus habilidades y competencias lecto-escriturales tendrá mayores ventajas a la hora de hacer parte del inmenso mundo que es la web 2.0.
Otro componente digno de ser tenido en cuenta en este ejercicio argumentativo, es la actitud del adulto frente a la empatía del joven y los medios audiovisuales. Reiteradamente se culpabiliza a la televisión del desinterés de los adolescentes hacia la lectura; esto es, se satanizan los medios y se impide una mirada hacia las nuevas dinámicas, lenguajes y narrativas. Se trata de descubrir nuevas formas de leer, que rompan con los esquemas fijos: “leer se refiere necesariamente al libro impreso”
A propósito de esquemas fijos, nos referimos también a edades, tiempos, formas. No se trata solo de pensar en el libro o el hipertexto, también es preguntarse, ¿quién tiene acceso a ello?, ¿quién puede aprender que y a qué edad?. Las nuevas formas de circulación del conocimiento hacen que éste se involucre con cada momento de la vida y por tanto desencadena una disponibilidad y posibilidad de aprendizaje continua, a lo largo de la vida, lo que Barbero llama: deslocalización-destemporalización, refiriéndose con el último término a la articulación de conocimientos especializados con aquellos otros conocimientos que provienen de la experiencia social y las memorias colectivas. El maestro debe entonces encender un motor invisible de gusto y uso responsable de las herramientas virtuales para que su estudiante a lo largo de la vida sea capaz de acercarse de modo útil al infinito mundo de posibilidades que le abre las nuevas tecnologías.
Barbero no sólo hace referencia a las nuevas formas de circulación del conocimiento sino igualmente a nuevas formas de razón. Afirma que estamos asistiendo a la aparición de nuevas figuras de razón que replantean el racionalismo de la primera modernidad. El hablar hoy de conocimiento implica necesariamente el entrecruzamiento de múltiples razones. Imagen y palabra se encuentran y conviven.
Cito lo siguiente, con el fin de explicar lo anterior: “Estamos ante la emergencia de otra figura de la razón que exige pensar la imagen desde su nueva configuración sociotécnica: el computador no es un instrumento con el que se producen objetos, sino un nuevo tipo de tecnicidad que posibilita el procesamiento de informaciones, cuya materia prima son abstracciones y símbolos, inaugurando una nueva aleación de cerebro e información que sustituye a la del cuerpo con la máquina de la modernidad industrial.” La imagen se constituye en mediación discursiva de la fluidez de la información.
Pero en estas líneas no se agotan los cambios presenciados en la modernidad tardía y mucho menos el rol del maestro ante estos cambios es necesario tener una mirada transformada a los nuevos lenguajes y las nuevas narrativas que hoy presenciamos. Es preciso hacer una lectura renovada de los cambios históricos y culturales a la luz de los tiempos y las mutaciones que en cada época se dan cita. Y es pues, el maestro, quien con mayor urgencia debe poner estos cambios y avances a su servicio y motivar a sus alumnos al análisis, a la pregunta, a la interlocución, al diálogo razonable. BARBERO, Jesús María. Figuras del desencanto